Jorge Linskens: un inquieto de los sistemas

Un inquieto de los sistemas, reconocido y multipremiado, que asumió desafíos importantes en todas las organizaciones en las que estuvo.

Jorge Linskens

Jorge Linskens fue durante más de 7 años un hombre clave en la AFIP. Tuvo a su cargo la Subdirección de Informática y Telecomunicaciones, un área estratégica con casi mil empleados, de una de las administraciones públicas pioneras en el uso de la tecnología para combatir la evasión fiscal.

En diálogo con Neurona BA cuenta que su historia profesional arranca en 1964, cuando estudiaba Informática en la UBA. Fue programador de un laboratorio de Física, pasante en Alba, responsable de Sistemas de Proceda (Bunge & Born) y gerente del centro de cómputos del frigorífico Swift Armour. Allí, con escasos 29 años, al día siguiente de haber asumido, tuvo como primera misión despedir a 200 personas, cuyos nombres estaban detallados en una lista. “Fue algo muy fuerte, que me marcó, a nivel personal y me enseñó sobre el lado humano de la gestión. Lo que aprendí en Berisso, no lo aprendí nunca más”, rememora.

Tal vez haya sido su enorme experiencia como responsable de centros de cómputos de empresas lo que lo llevó a que, en los 90, lo convocaran a trabajar en el sector público. Arrancó en Correo Argentino, pasó por ANSES, AFIP y la Agencia de Sistemas del gobierno de CABA. “Siempre estuve en Sistemas, en la batalla. Soy “fierrero”, programé alrededor de 30 mil programas, en no menos de 25 lenguajes, reflexiona sonriente. Su trayectoria se completa como consultor en sistemas del FMI y el BID.

Lo privado… lo público.

“Gestionar en empresas y en entidades públicas no es ni mejor ni peor, es diferente. No admito juicio de valor. En lo privado los hechos discrecionales se evalúan en función del resultado de la discrecionalidad. Y en el Estado, lo malo es la discrecionalidad, porque uno toma decisiones con el dinero que es del pueblo”, explica.Y dice que, a nivel profesional, lo que más le gustó fue haber sido el motor de la transformación tecnológica de AFIP, para eliminar la dispersión de la información, unificar los criterios operativos y de seguridad y mejorar la comunicación con los contribuyentes. “Asumí el 2 de enero de 2002, en plena crisis, y en un año y medio, construimos el centro de cómputos más grande del país, que unificó los 140 que estaban dispersos por el país. Esa transformación la hizo la gente misma de AFIP, sin una hora de consultoría, 100% propia. El proyecto perduró porque lo hizo la gente que perdura en el organismo, yo conduje, ellos se lo apropiaron”, concluye.

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